Aquí están, éstas son las siete maravillas cordobesas elegidas por los habitantes de esta provincia.
La autonomía de facto planteada por el Oriente rico de Bolivia supone el mayor desafío al primer presidente indígena de este país de contrastes.
Al hablar de la Manzana Jesuítica, no pienso sólo en su importancia arquitectónica, una de las más representativas del país, sino como en un legado de nuestros antepasados y sus esfuerzos en cuanto a educación, perseverancia y preocupación social que hoy deberíamos retomar.
Cómo no me va a gustar que esta tierra de olvidos, y de maravillas cotidianas, tenga también el premio de ser maravilla provincial, fruto de la idea y el sudor de los abuelos.
No existe un lugar más apartado del mundo que la Catedral vacía inundada de música. Siento entonces que somos como una nave flotando en medio del mar, alejada de todas las costas, del ruido, de la locura. Último refugio para el recogimiento, el necesario consuelo y el perdón.
Se editó en nuestro país el libro del juez Baltasar Garzón y el periodista Vicente Romero que intenta bucear, desde una mirada española, en la mentalidad de los que llevaron a cabo la desaparición de 30 mil argentinos durante el Proceso. Aquí, un fragmento del primer capítulo y el prólogo de José Saramago.
En realidad, el templo de una sola torre y reminiscencias neogóticas ya era una maravilla antes de que nadie lo votara. Hay que imaginar el vértigo de ese perfil cuando en torno a las casonas familiares no superaban los dos pisos.
La Cañada viene a ser algo así como el alcaloide de lo cordobés, un lugar que de tan literario e inexplicable llega a emocionante. En serio. No sirve nada más que para meditar con los codos apoyados en sus puentes. O para fumar. O sea, para esperar. El arte, después de todo, está hecho para eso.
Yo nací por culpa de ese camino, ya que mi papá, que era de la ciudad de Córdoba, fue un día a Villa Dolores por ese camino y allá se enamoró de mi mamá, con quien se casó y tuvo los tres hermanos que somos.
Para los chicos que vivíamos allí, que éramos una banda de 14 ó 15 primos y primas, la casa era un lugar enorme, lleno de penumbras y oscuridades. Al mismo tiempo, estaba dotada de maravillosos rincones para explorar y esconderse y, sobre todo, de una serie de personajes que marcaron una huella en nuestras vidas.
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